Avatares

Avatares, Agosto, 2006

Un Lugar para todos

El modo de ser guaraní estaría ligado esencialmente al modo como los indios vivían su espacio geográfico. .

Datos de la época confirman el hecho de que los Guaraní estaban «viviendo a su antigua usanza, en montes, sierras y valles, en escondidos arroyos, en tres, cuatro o’ seis casas solas, separados a dos, tres y más, unos de otros»*

Esta clara, y si se quiere poética descripción, ilustra con suficiencia el cosmos vital de la cultura de los Guaraní destruido por la violencia del proyecto civilizatorio occidental. En el Tekoha* se funden la fisicidad geométrica con el mito y la historia como dimensiones esenciales de la realidad simbólica del topos existencial y sacralizado de nuestros antepasados.

Cuando los artistas de la sociedad globalizada contemporánea -muchos de ellos- exploran los vestigios de formas culturales casi extinguidas, parecen impulsados por la angustia que supone una identidad profundamente quebrada y escindida y por la emergencia de modos expresivos para formas y contenidos de mundos e imaginarios actualizados; aquellos que proceden, por sobre todo, del presente traumático de la construcción de la identidad y la sobrevivencia.

La investigación de Malola, a través de un relacionamiento sostenido con los Mbyá Guaraní – etnias ubicadas en diferentes zonas del Paraguay- y con pequeñas colectividades étnicas inmigrantes superviviendo en las periferias de Asunción, hurga en los vestigios de la memoria y la historia de las esperanzas de este micro mundo cultural amenazado, si no en sostenido proceso, de extinción.

En la imagen terrosa de las pinturas (en realidad técnica mixta) y de los azulejos pululan huellas que señalarían una orientación incierta, una búsqueda estéril, un gesto en el vacío y un intento sin sentido, acaso la lenta marcha de una sacralidad transtornada, de una danza ritual sojuzgada o de la ansiada tierra sin mal negada por el despojo. El yvy maraey o «suelo intacto que no ha sido modificado», nos dice Montoya,» es la fuerza gravitatoria que armoniza la práctica religiosa y el pensamiento Guaraní».

Con literalidad relativa Malola dispone en el suelo, y con carga señalética abierta, una suerte de cartografía donde el impulso del andar y el desandar alguna vez fueron formas del ritmo vital de lo consagrado: la danza ritual, «lugar donde se estructuran las más importantes funciones chamánicas, donde los hombres se dicen y se vuelven dioses, donde se cantan las palabras inspiradas, donde se profieren amenazas cataclismicas, especialmente cuando llegan las invasiones coloniales que pretenden destruir la identidad».*

En el fragmentado color terroso, como tono dominante y estructura, y que en la serie cerámica se gesta en la autonomía del proceso técnico mismo – no olvidemos que Malola pinta porcelana -, el rico y misterioso paisaje no es más que una potente metáfora de la crucial y desgraciada distopia.

Esta exposición, finalmente, interpela por medio de su complejidad formal a la conciencia contemporánea. El drama de la históricamente aplazada búsqueda de la la tierra sin mal es también el drama de nuestro presente convulso y asimétrico, o, tal vez, un destino que una sociedad más armónica y solidaria pueda evitar.

Carlos Sosa
Asunción, agosto de 2006

  • Ver en EL GUARANI CONQUISTADO Y REDUCIDO ( Meliá 1993, 105)
    *Lugar de habitación, cuya fisicidad puede variar sensiblemente según los distintos imaginarios étnicos. En acepciones actuales se entiende como el lugar donde vivimos según nuestras costumbres», como lo explican los Pai-Tavyterá (Meliá, ibid) » Ver Montoya, en (Meliá 1993,119)

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Reacomodo – Fotomontaje digital
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Tránsito Técnica mixta

Serie de Azulejos Pintados